(Presento a continuación a los protagonistas de esta historia, que se escribió, y se seguirá escribiendo en los rincones del mundo, siempre que alguien la recuerde o la rememore junto a algunas cervezas y una música pagana)
[El Primer personaje es quien lidera este grupo, siervo devoto de Silvan y sacerdote de su religión es el paciente y pensativo Olmo, el Arbóreo]

Existimos desde siempre.
Siempre estuvimos aquí, tranquilos y envueltos en calidez.
Nuestro primer sonido fue el de las hojas al viento. Nuestra primera sensación, la lluvia caer tiernamente contra la tierra. Años y siglos pasaron por sobre nosotros.
Hasta que escuchamos un llanto. El llanto de la tierra, sangrante y malherida. Llorando ante el temible toque de los retorcidos. La calidez a nuestro alrededor lentamente comenzó a volverse más fría, y cada vez sentíamos menos nuestro propio ser. Los tranquilos vientos eran ahora gritos y llantos en el aire. La tierna lluvia no era más que sangre.
Lo último que llegó a nosotros fue un grito desgarrador, seguido de un simple comando: “Levántense”. Un poder indescriptible vivía dentro de esa voz, y pudimos sentir por última vez la calidez que tanto recordábamos.
Sentimos un crujir de ramas, sentimos la brisa muy cerca. Y antes de darnos cuenta, podíamos hasta verlo.
Desconcertados, despertamos sin nunca haber dormido. Y miramos la tierra a nuestro alrededor.
Conocimos a los elfos, los extraños que nos reconocieron antes que nosotros pudiéramos hacerlo. Nos guiaron por la tierra que siempre habíamos sentido desde la lejanía, que ahora estaba más cerca que nunca. Nos cantaban y celebraban, al tiempo que nos explicaban su extraña “lengua”.

En ese momento sentimos una calidez en nuestro interior, y supimos claramente nuestro objetivo. Debíamos buscarle y protegerle con toda nuestra fuerza, hasta que estuviera listo para devolver la calidez una vez más.
Los elfos nos enseñaron su legado y sus costumbres, nosotros les llevamos nuestro mensaje, y de a poco nos adaptamos hasta formar parte de su gente. Fue entonces cuando nació mi “yo”, cuando cada uno de nosotros nació separado del resto de nosotros, cuando de “uno” nos convertimos en “unos”.
Parte de la calidez permaneció siempre en mi interior, y la abracé para ayudar a guiar tanto a los elfos como al resto de nosotros. Aprendí a liberar esa calidez para iluminar y guiar a los perdidos, y para castigar y sellar a los retorcidos.
En medio de esta tenue calidez, junto con cada llegada del alba… aquella palabra resuena dentro de mi alma, permitiéndome y recordándome seguir.
“Levántense”

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