Si te contara todo lo que mis blancos ojos han visto, no te sorprenderías mucho,
no he sido gran guerrera, no creo que si te mencionase uno de mis tantos nombres te sonaría alguno, nunca he querido resaltar más allá de ser buena trabajadora, siendo sincera, creo que esta es la vida más querida y emocionante que he podido experimentar. Soy Deva, somos muy escasos y es difícil encontrarse con más de uno.No recuerdo mi nacimiento, solo puedo decir que un día abrí mis ojos y comencé a moverme. Alguna vez fui una semi-diosa y serví al gran Silvan en el plano astral, pero siempre observaba muy atenta a los humanos, en especial a los pequeños, su astucia, alegría, creatividad y su inocencia, me conmovían, yo quería experimentar eso, ya que nosotros, los Devas, somos carentes de sentimientos, no podemos percibir el odio o la dicha, porque corrompería nuestra alma y podríamos dañar a nuestro dios, no los necesitamos, pero aun así yo quería esas experiencias, decidí abandonar el plano astral y poder ser parte de ellos, observarlos de más cerca.
Cuando desperté, sentía como si hubiese caído desde muy alto, todo el cuerpo lo tenía entumecido y la luz hacia que mis ojos me ardieran, estaba junto a un rio, el sonido del agua golpeando las rocas fue lo que me despertó, ¡que sublime sonido!, me encontraba en un bosque, todo era nuevo para mí, sin darme cuenta llegue a una pequeña aldea en la meseta de Orog, donde pierdo el conocimiento, no sabía que mi cuerpo ahora necesitaba comer y descansar, allí conocí a bellas personas, muy amables y acogedoras a pesar de que nunca les mencione mi raza ni de donde venia, me dieron un hogar y me enseñaron como cultivar y cuidar de los niños, viví con tanta paz, ya no miraba desde un vidrio todo, ahora lo sentía, sus cálidas manos y sus besos. Lo que más me sorprendía era con el cariño y la devoción con que caminaban después del mes de las cosechas, durante varias horas, por entre el bosque y sus manantiales, solo para ir a venerar a Silvan a un pequeño y humilde templo, ¿porque hacían eso?, si nunca lo han visto, nunca han hablado con él, solo el hecho de sentir que el los observaba los hacia felices. Tenían en cada casa un árbol que crecía en el centro y cada familia debía cuidar de el, lo hacían como agradecimiento al piadoso Silvan y llevaban un brote de esos árboles a una meseta y plantaban más árboles, respetaban tanto su entorno y a las criaturas en él, no hacían daño a nadie, nunca me trataron mal, ni se burlaron de mis ojos, a los niños les daba curiosidad mis macas moradas en mi rostro, pero aun así nunca me sentí agredida por ninguno. Así pase 25 años, eran parte de mí y yo de ellos, quería seguir así, pero todo tiene su orden, mi primera muerte fue en un rio, el mismo que me despertó fue el que me condeno. Tralú era un niño travieso que solo le gustaba jugar, una tarde lanzo una piedra a un árbol y mato a un pajarillo que tenía un nido, el sacerdote lo regaño y formo un gran escándalo, Tralú al sentirse agredido corrió al bosque y se perdió, la familia del pequeño estaba desesperada, ya era de noche y el no aparecía, así que para tranquilizarla salí en la búsqueda junto con otro grupo de jóvenes, debo mencionarte que mi visión es mala de noche y distingo muy poco, pero no podía permitir que le pasara algo. Tras caminar toda la noche llegamos al rio Ninib donde escuchamos al niño, había resbalado por correr de nosotros y se calló al rio, se afirmaba fuertemente de una roca, pero sus pequeñas manos eran débiles, sin pensarlo me lance al rio, tome al niño entre mis brazos, pero un remolino nos succiono, yo no sabía nadar, nunca antes me había tirado al agua, aun no me explico cómo, pero logre alcanzar la orilla, Tralú se salvó, pero yo rompí casi todas mis costillas, los médicos de la aldea me atendieron, pero no fui lo suficientemente fuerte, Luzbel me tomo con sus frías y viejas manos, esa fue la última vez que vi a esa linda gente. Los Devas jamas desaparecemos, solo cambiamos de cuerpo, los recuerdos y los aprendizajes no se olvidan, no podemos nacer de nuevo, no tenemos infancia y no podemos tener hijos, solo abri mis ojos y fue como si el tiempo no hubiese pasado, como un sueño, ahora despete en la orilla de una playa, al parecer eran las costas de Gaia. Desde ahí deambulé con la esperanza de volver a mi pueblo natal, hasta que llegué a Riplus y me uní a la lucha, soñando con ver a mis queridos una vez más, aunque tal vez sólo encuentre sus tumbas, ellos son mortales y yo no.
Si te contara lo que mis blancos ojos han visto, te diría que la imagen más grabada en ellos es la de una pequeña aldea rodeada de árboles donde el sonido del agua entre las rocas se escucha siempre…

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