[Los Montañeses, o Goliats como ellos se llaman a si mismos, muchas veces confundidos con humanos, son hombres duros como las rocas entre las que viven. A pesar de eso, Arpagodda decide unirse a los pueblos de los bosques en una cruzada donde demostrará de qué esta hecho este bárbaro de las montañas]
Ese día, en una celebración llena de colores, que sólo la naturaleza inexpugnable puede ofrecer; llena de aromas, que sólo las especias más lejanas podrían ofrendar, a esas magníficas piezas de carne asadas repartidas alrededor del gran fuego principal; llena de música y danza, que hasta a los más refinados elfos podrían contagiar; llena de vida y magia, que sólo la primavera puede traer a éstas tierras, las tierras de las montañas, hogar de los nobles Goliat; fue el día cuando nació un nuevo guerrero en la tribu de los Kruha, uno que estaría destinado a grandes cosas, uno que estaría dispuesto a dar la vida por los suyos, uno al que bautizaron Arpagodda.
No fue extraño ver como el nuevo miembro de la tribu, bajo el cuidado de Arpa, su padre, y Shaba su madre, se adapaptaba perfectamente a las condiciones y al ritmo de viaje. Rápidamente Arpagodda aprendió a cazar sus propias presas pequeñas y a manejar la gran hacha, además cultivó una gran admiración desde muy joven por las bestias salvajes, en especial por el gran Oso Cavernario.

El joven guerrero aprendió las costumbres de su tribu, como el gusto por aliñar las carnes, con especias obtenidas del no muy frecuente comercio, al pasar cerca de algún camino; otras como realizar desafíos de pruebas físicas entre amigos, donde siempre destacó por sus enormes saltos para ir de roca en roca; Trepar, nadar, saltar, cazar, dormir a interperie, combatir con bestias, sobrevivir en condiciones adversas, fueron las actividades que forjaron a éste feroz y temerario Goliat domador del hacha, cuya lealtad insuperable para con los suyos le hizo ganarse el respeto de su clan.
Un día en que se realizaba la prueba final de adultez, que consistía en derrotar a un oso de las cavernas, donde participaban los jovenes más fuertes de la tribu, sucedió algo que cambiaría la pacifíca vida de los Kruha. Una compañía de Hombres, soldados y arqueros, junto a una caravana de mineros, con sus respectivas herramientas y explosivos, se toparon con el clan. Mientras los jovenes estaban recorriendo las montañas en busca del oso que les diera la victoria, sus padres trataban de negociar con los acalorados sargentos invasores, quienes no tenían intenciones de ceder nada ante nadie. Superados en número y en tecnología, los Kruha tubieron que defenderse de la enfurecida tropa que los atacó. Muchos cayeron ese día, pero muchos también lograron escapar, pero para cuando los jovenes habían vuelto, no quedaba ninguno de sus amigos ni familiares, solo un montón de cadáveres de Hombres y de su hermanos de armas. Ese día fue cuando la sangre de Arpagodda comenzó a arder, junto a sus pies yacían sus padres, víctimas del odio y la codicia que sólo el hombre es capaz de acoger en su espíritu, también yacía el oso cavernario, que había traído para demostrar su madurez ante todos, los que ahora no estaban con él. Juró venganza, y juró que acabaría con los culpables de aquella brutal matanza. Tomó prestada la piel del oso para hacer sus vestimentas, como indicaba el ritual, cogió el hacha de su padre y algunas provisiones, y comenzó su busqueda, siguiendo los rastros aun frescos de sus nuevas presas.
Es así como empieza el camino del joven bárbaro quién, protegido por el espíritu de su padre y también del oso cavernario, descubrirá a través de su viaje la verdadera fuente que motiva al Hombre de ésta Era a cometer tan despreciables actos de maldad; una fuente oscura, que jamás ninguno de los suyos imaginó.
- Kruha: la tribu de las bestias
- Arpa: quebrantahuesos.
- Arpagodda: el nuevo quebrantahuesos.
- Shiba: de las nubes

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